Cuando el orgullo nos asalte (debemos estar en estado de alerta para detectar que nos asalta el orgullo), tratemos de darnos cuenta de que nuestras personalidades no son nada en sí mismas. Para dejar el orgullo a un lado, empecemos a pedir perdón cuando nos equivoquemos, demos las gracias con más naturalidad, superemos nuestras dificultades pensando en todos. Después de todo, el orgullo no lleva a ninguna parte. A veces, la gente se olvida de esto por eso de... " el más fuerte sobrevive", y no, nunca es así.

No hay comentarios:
Publicar un comentario