domingo, 22 de mayo de 2011
Me sentía confusa, mareada, y un dolor punzante repercutía en mi estómago. Mis piernas flaqueaban cada vez con más intensidad,caí al suelo de rodillas, y quedé tendida en ese suelo ardiente... como si de una hoja del gélido otoño se tratase. Mis sentimientos salieron rodando, quedando esparcidos por todo el terreno. Una suave voz se clavaba en mis oídos diciéndome: -Dejalé ir...-; hacía eco a cada décima de segundo que transcurría, y el tiempo no parecía avanzar. Entonces me di cuenta de que borrarle de mi vida era lo correcto... aunque su recuerdo me perseguiría para siempre.
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