Recuerdo cuando hace un tiempo, una podía decir lo que pensaba e incluso lo que sentía. Poca gente cuestionaba lo que hacía, y nunca llegaba a destacar por suerte. Ahora corro el peligro de perder mis ilusiones, esas con las que día a día consigo sobrevivir a este mundo de mierda, porque no se le puede llamar de otra manera. Mis palabras llegan a oídos de otros, y sino, se malinterpretan, o se infravaloran. Y al final de todo, a nadie le interesa lo que se me pueda llegar a pasar por la cabeza, ni si de mi boca sale una sonrisa más o menos. Ahora mi único " amigo " es mi mente, a la par de mi corazón, que son los que siempre terminan entendiéndome y ayudándome. Todo lo demás, son otros como yo; seres que toda su vida corren tras la felicidad.
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